martes, 15 de noviembre de 2011

MUNDO SIN FIN

Naciste en San Sebastián en mil novecientos... ¿setenta y cuántos?
En 1971.

Háblame un poco de tu comienzos. Creo que estudiaste Bellas Artes en Madrid y que ahí hicísteis un fanzine.

En realidad empecé estudiando periodismo pero lo dejé, y ya entré en Bellas Artes en la Complutense en el 92. Con gente de mi curso saqué un fanzine que se llamaba Jarabe. Era más bien humorístico, y allí publiqué mis primeras páginas digamos "presentables". Yo pensaba que no lo conocía ni Dios pero al cabo de los años todavía me encuentro con gente que lo recuerda y que increíblemente no era amigo, conocido ni compañero de estudios.

¿Por qué el cómic como medio de expresión?

El cómic como medio a veces es un poco pedestre, tosco, como trabajo es pesadísimo, infumable, y como excusa social es inviable. Y no ofrece recompensas de ningún tipo, ni monetarias ni por supuesto sexuales. En contrapartida es uno de los medios que más sensación de libertad -y posibilidades- creativas en estado puro transmite a quien se zambulle en él, quizá no tantas como la escritura pero a años luz del cine, la fotografía y demás artes tecnológicas. Y el nivel de exigencia, tanto propio como ajeno, es mucho menor a todos los niveles que en la escritura, aunque sólo sea por el hecho de que es un arte casi incipiente, a pesar de todo. A estas alturas es dificil sentarse a escribir un soneto barroco o una redondilla con el pie cambiado, son muchos siglos mirándote por encima del hombro, aparte del mero hecho de que hemos perdido mucha destreza con las herramientas, tenemos muy poco lenguaje y el que tenemos es tópico y bastante vacío, por no hablar del oído para lo verbal. Pero en cómic tampoco se han hecho tantas cosas, hay muchos caminos todavía por seguir. Y además no es todavía, a pesar de los esfuerzos de alguna gente, un arte demasiado autoconsciente, obsesionado con la novedad, el sello personal y demás formas de la egolatría que han vuelto casi estéril el arte moderno, por poner un ejemplo.

¿Aspiras a ganarte la vida con esto?

Creo que todavía, con mucha ingenuidad y a bastante largo plazo, aspiro a vivir del cómic. Pero menos que ayer y más que mañana.

Tus influencias en el estilo de dibujo no son muy evidentes. Cuesta reconocer una escuela clara de la que procedas como dibujante. Hay cosas que me imagino que te gustan (curiosamente, casi todo en lo que puedo pensar es de finales de los años setenta o principios de los ochenta), pero ciertamente tu dibujo es tan peculiar que prefiero que seas tú quién me digas cuáles son tus preferencias en historieta.

Es normal que te recuerde a cosas de los setenta, es la época en que yo era pequeño y por tanto el momento más receptivo y en que todo tiene algo deslumbrante. Luego a pesar de la criba de los años hay cosas que se quedan enquistadas, pequeños vicios visuales. La verdad es que no he pensado mucho en de donde viene mi estilo. Tampoco estoy nada seguro de tener un estilo. Voy dibujando, y ya está, casi todo en esto es práctica. De hecho, el estilo que uso para el Torrezno no es que sea muy habitual en mí, viene más bien dado por el tema de la historia, la aventura exige cierto realismo, por mucho que te puedas permitir detalles caricaturescos, pero las espadas y los puentes colgantes tienen que pesar, las armaduras abollarse, etc., hay ciertas reglas. Cuando dibujo cosas más cortas de humor me tomo más libertades. Aparte de eso la línea clara no me gusta mucho, aunque me gusta [Daniel] Torres.

Creo sinceramente que eres uno de los pocos historietistas españoles actuales que cuenta con una verdadera originalidad, con un mundo propio al margen de las modas del momento. ¿Qué piensas tú?

Pues yo la verdad es que no sigo mucho la actualidad comiquera, ni la patria ni la foránea, así que no puedo comparar mucho. La verdad es que no la sigo en absoluto, realmente, y la inmensa mayoría de lo que se publica ni lo leo ni lo conozco siquiera. No sé muy bien por qué debería, por otra parte. Como tantos otros antiguos lectores he dejado de comprar cómics, así que supongo que eso querrá decir algo, a pesar de esa sensación de cierto optimismo en el medio de que algunos hablan.Tampoco sé muy bien cuales son esas modas. Está la moda del costumbrismo, que me resulta incomprensible.

Algunos te han criticado en ocasiones un exceso de diálogos. ¿Qué tienes que decir al respecto?

Pues lo único que tengo que decir es: si a las pocas páginas de tortura logorreica mis bocadillos aburren al lector, este debería aceptar el fatal hecho de que ha gastado sus euros en balde, y tirar el libro a la basura. Pero si piensa que tienen alguna gracia, que sirven para ir conociendo matices nuevos de los personajes o de la acción, entonces ¿de qué se queja? ¿Por vicio? ¿Porque incluso las cosas que le gustan le cansan? ¿Porque quiere que el disfrute se acabe cuanto antes? ? ¿Problemas de Mantenimiento de la Atención?

Sin embargo, hay algo en tus diálogos que pocos han destacado, me refiero a lo bien escritos que están. Los personajes no hablan del mismo modo sino todo lo contrario: cada personaje tiene su propia voz; sabes manejar con versatilidad el lenguaje para caracterizar a cada uno de ellos: así, el Capitán Torrezno habla de una manera muy coloquial y a veces hasta vulgar, tabernaria, con muchos chascarrillos y tacos; el Sumo, en cambio, habla con un idioma solemne y oficial, seudo religioso; los diálogos del Shogun, por su parte, son una mezcla de ambos lenguajes más cierta sequedad propia del lenguaje militar, etc. Y así un poco con todos. Veo muy cuidado eso, es algo que llama realmente la atención.

Al contrario que casi todas las demás historias que he dibujado, que suelen ir estructuradas en torno a una voz en off, un narrador siempre bastante subjetivo, las aventuras del Torrezno se desarrollan exclusivamente en torno a los diálogos, quitando brevísimos incisos en off. Así que no hay más instrumento para individualizar a los personajes que sus propios actos y palabras. Yo la verdad me lo paso mejor escribiendo con narrador, con voces subjetivas, pero eso no va muy bien con la aventura, creo.

Santiago Valenzuela trabajando en su estudio en 2004. Foto: Manuel Bartual

Veo dos principales intereses temáticos en tu obra, al menos en tu principal obra, Las Aventuras del Capitán Torrezno: el relato de aventuras -donde das una versión personal, muy sui generis del subgénero de la fantasía heroica- y la ambición de crear un mundo fantástico propio.

La verdad es que a mí lo de la fantasía heroica no me interesa mucho. No sé si te refieres a Conan y cosas de esas, o si siempre que hay un "aparecido" llegado a un nuevo mundo eso se considera automáticamente como perteneciente a ese género (cuando es muy frecuente también en la ciencia ficción, que me interesa bastante más aunque sin exagerar). Lo de crear un mundo fantástico propio no es cosa mía, es una de las pocas alegrías básicas que puede dar el escribir.

Junto a esos dos principales intereses, también introduces algunos elementos de crítica social o de costumbres que personalmente me gustan mucho, especialmente de sátira religioso y política. En el caso de la sátira religiosa creo que está muy bien introducida, de manera oblicua, nada obvia, y además con verdadero sentido del humor. Sólo basta fijarse en las frases que consideran "sagradas" los habitantes del "micromundo" (¿puede llamársele así?), tales como "El frotar se va a acabar", o "José Hilario nos asista", o, precisamente el "dios" al que adoran, con iconografía sagrada sacada del DNI. Creo que es bastante gracioso y a la vez cruel respecto a las creencias religiosas de la gente. Háblame en general de la importancia del humor en tu obra.

El humor es lo que te permite enfrentarte por enésima vez a la página en blanco y olvidarte del esfuerzo pensando en si ese chiste funcionará, preparando el lenguaje corporal de las figuras, los ademanes, el golpe de efecto de la frase. A veces me río dibujando, o más bien abocetando, aunque no tanto con el Torrezno como con otras cosas menos aventureras.
En cuanto al sentido religioso de la gente ni entro ni salgo. Desde luego no me lo planteo como un trabajo de emancipación mental, o que vaya por ahí sacando a la gente de la inopia supersticiosa. Por otra parte está bastante claro que la gente que cree en Dios, en el Todo o en su Propio Destino (y que es la mayoría, por mucho que se diga lo contrario) es más feliz, tiene a su alcance un instrumento de autoayuda psicológica -o un analgésico- nada desdeñable. Pero aunque no quiera iluminar ni insultar a nadie por supuesto esto no quiere decir que no pueda reírme de lo que me parece risible. Y la religión es muy risible, sobre todo las modernas, el esoterismo, las sectas, los ovnis, la fe femenina en el Destino Individual o en el Carisma y demás lindezas. Las religiones tradicionales tienen aún cierto empaque, cierta parafernalia polvorienta y vetusta que casi da pena que se pierda.

¿Qué te sugiere la frase "El arte verdadero oculta el artificio?"

Es cierto. Aunque el arte moderno, en su tedium vitae exasperante haya hecho divisa de todo lo contrario, y acabará formulando algo así como: El arte verdadero falsifica su artificio hasta convertirlo en natural. No estoy muy seguro de que a estas alturas podamos hablar de arte verdadero, la verdad. Y menos en este medio maravilloso y feliciano que es el cómic.

Al hilo de lo anterior, detecto también un gusto por usar ciertos elementos de la cultura popular, pero no en plan "guiños frikis", sino de manera descontextualizada: así, el casco del Shogun, la máscara de Sansón, el paquete de Ducados, la botella de Bacardi, el DNI, etc. ¿Por qué esa elección? ¿Entronca esto de algún modo con las intenciones del pop art?

Espero que no tenga nada que ver. Tipos como Lichtenstein me parecen como poco gente peligrosa, un mal ejemplo para la juventud, toda la vida repitiendo una gracieta, qué apoteosis del tedio y del conformismo con los demás y con uno mismo, una especie de bufón del arte de los salones, vampirizando a los vulgares y deleznables artes populares para rebañar un momento de gloria en el ágape multicultural y abrir la manita suplicante al mecenas o a la subvención. Warhol también era un tipo siniestro. La misma palabra "descontextualización" también es siniestra.

En el primer tomo de Torrezno, precisamente, el principal tema a partir de la segunda mitad es una especie de parodia del Génesis. Esto me dejó realmente descolocado, no recuerdo antecedente en el cómic de algo así, o al menos, algo así contado como tú lo has hecho.

Cuando te decía que en el medio está casi todo por hacer me refería -en parte- a cosas de éstas. Si lo piensas el espectro temático de los cómics hasta la fecha, y por mucho que nos hablen de cómic adulto, etc, es bastante estrecho. En los últimos tiempos se supone que se ha ampliado con toda esa linea "vivencial", o autobiográfica o como lo quieras llamar, que a mí la verdad no me interesa nada y me parece, como poco, tardoadolescente. Aunque el problema no es que sea realista, ni siquiera costumbrista, que es como una versión devaluada -y falsa- del realismo, incluso puede haber un buen humor costumbrista, el problema no es ése. A mi me gusta más lo fantástico y todo aquello que le da una vuelta de tuerca a lo real, pero hay muchos cómics realistas que me encantan. El problema es que estos cómics sentimentales o "de la experiencia" me parece que no tienen mucha densidad, ni mucha experiencia. En el medio está todo por hacer.
En particular este episodio del génesis deformado o parodiado es un cuentecillo que escribí hace mucho, y donde todo el interés estaba en la figura del viejo funcionario y donde el micromundo que crea solo era un chiste, un elemento narrativo, puro atrezzo, pero luego más adelante surgió la idea de cómo podía haber evolucionado ese mundo y poco después la conexión con el Torrezno, y ahí ya se lió todo.

En el segundo y tercer tomos ha habido un giro hacia la aventura militar que me ha sorprendido, porque el relato de tu peculiar "Génesis" ha pasado a un segundo plano. ¿Lo vas a retomar? Hay muchas preguntas sin respuesta todavía al respecto del mundo "real" y su relación con el "micromundo".

Sí que lo retomaré, el problema es que la historia tiene que avanzar bastante más, porque el último punto en que dejamos a José Hilario, recordarás, aparecía Torrezno metido en un berenjenal todavía en medio de la guerra, y todo eso es antes del fin del micro-mundo, que también se ha visto ya, así que ahora estamos en un flash-back bastante prolongado. Pero sí que tengo pensado retomar todo eso, volviendo al mito del demiurgo desde distintos niveles, tal y como lo ven sus propias criaturas, y tal y como lo veríamos nosotros paródicamente, etc, y las distintas implicaciones. En el quinto tomo ya he metido un rollo gnóstico-metafísico de aquí te espero.

Volviendo al trasfondo de tus aventuras, hay algunos momentos donde te atreves con la filosofía. En Escala Real te atreves a parafrasear una definición del mal: "El mal existe (...). El mal es tratar a los otros como cosas, considerarlos simple botín o moneda de cambio, usarlos como llave para abrir otras puertas, como peldaños para nuestra ambición... Como asideros para nuestro miedo o vertederos de nuestro asco, nuestro odio...".

Eso de la "banalidad del mal" es de Hannah Arendt, no sé si tiene un libro sobre esto en concreto, si es parte de su estudio sobre el juicio y condena de Eichman en Jerusalem o qué, porque como ves no lo he leído, pero la frase es ya una fórmula en la politología y sociología moderna. En cuanto al resto del parlamento pues supongo que es mío. Es decir, que será un revoltijo de mil cosas distintas leídas por aquí y por allá, o alguna película, quién sabe. Porque de ahí es de donde sale todo lo que se llama tan ingenuamente "la inspiración". La inspiración, en rigor, sería la capacidad mayor o menor para mover pequeños impulsos eléctricos cargados de palabras, gestos y formas por las sinapsis cerebrales, cargamentos de origen casi imposible de concretar pero desde luego no surgidas de la nada, y que se reúnen aleatoria y caóticamente en cuanto salta la chispa de un recuerdo, una asociación de ideas, etc. Así es como escribe, imagina, y bosqueja ideas todo el mundo, y el que no se haya percatado es un ingenuo. Y sí, puede que quedara un poco discursivo o plomizo. De todas formas tampoco hay que avergonzarse de ser pesado o pretencioso. Ni pedante, que parece ser el terror de la juventud moderna que baila y ríe. Que se avergüence y se reprima un pérfido productor de telecomedias patrias (de esas en las que los jóvenes usan un supuesto argot callejero caducado hace tres legislaturas) que ama en secreto la música concreta o el arte povera, y tiene en cambio que reprocesar basura mass-media para la plebe para mantener su sueldo de muchos ceros y su estatus profesional. Yo no tengo que responder ante casi nadie, para bien y para mal.

Pero todo es culpa de la incontinencia verbal de Tsen Tsei, Oriente tiene estas cosas.

Santiago Valenzuela fotografiado en 2004 por Manuel Bartual

También de Escala Real me ha llamado la atención la frase "Sólo nos faltaban los idiotas del horror". ¿Es un guiño a uno de los versos de Bandera Blanca, de Franco Battiato, o simple casualidad? (Bandera Blanca es mi canción favorita de Battiato de toda la vida, por cierto)

Sí, claro, lo tomé de la canción, también es mi preferida. Esto de meter bromas para los amigos lo hago cada vez que puedo, es otra de las pequeñas alegrías a las que se presta mucho el medio. Cuando lo pilla alguien fuera del grupo pues es una alegría aun mayor. De todas formas lo del horror tiene más coña, hace años hice con un colega una parodia en collage-fotocopia de una historia de Víctor Mora y Luis García, el Grito, que estaba protagonizada por "El horrorizado" y se llamaba, claro, "El horror". Hay mucha gente poseída por el horror, idiota o no, viven en un continuo paroxismo y se indignan de que uno no sepa lo bien de precio que sale el IKEA y esas cosas.

Me gustaría publicarla porque tenía gracia, pero habría problemas con los copyrights.

Una pequeña crítica, concretamente a Limbo sin fin, que tiene una parte muy brillante, la segunda, pero una primera parte donde modestamente creo que hay algunas repeticiones demasiado explicativas (esta pregunta es sólo para mí, por comentarlo contigo, no saldrá publicada).

Pues supongo que sí, a veces me pierde la obsesión de que todo quede bien claro -y aun así luego ves que la gente no ha pillado ni media- y por eso me alargo en explicaciones y al final se duerme hasta el apuntador. Tengo que confiar más en los lectores, se ve.

(Bueno, ponla si quieres, tampoco hay problema, que se vea que los críticos sois unos macarras exigentes, si algo nos sobra son prólogos y reseñas poniendo por las nubes cosas que no hay por donde pillarlas).

Al hilo de lo anterior: tus historias son narradas de una manera llamativamente morosa. ¿Por qué ese ritmo tan pausado y detallista, con tan pocas elipsis? ¿Te gustan los tebeos japoneses?

Esto supongo que se debe al origen de la serie. Por entonces yo llevaba dos o tres años dedicándome a hacer historias para concursos (ganaba bastante más que como profesional, y no lo digo para desanimar a nadie), y estas historias casi siempre tenían que ser de 4 páginas, al final estaba harto de meter mil viñetas y mil bocadillos y mil chistes intentando aprovechar al máximo el espacio. Así que cuando me metí con esta historia la consigna era demorarse todo lo que hiciera falta, tanto en tiempo, como en espacio, como en detalles y explicaciones.

El manga lo conozco muy poco. Leí los primeros 10 o 12 de Akira, hasta que empezó a desmadrarse la cosa y perder interés, y aparte de eso sólo he leído Nausicaä, que me encantó, me atrapó de una forma que no lo hacía -y no han vuelto a hacer después- nigún tebeo desde la infancia o la adolescencia. Y El viaje de Chihiro es increíble.

Lo es. Otra cosa que llama la atención es la fisicidad de tus historietas, los planos que eliges -casi siempre con profundidad de campo, enseñando los decorados en perspectiva- y la obsesión por recrear minuciosamente los escenarios. ¿Te haces planos de todos los escenarios en un borrador? Me imagino que sí.

No, no me lo preparo tanto, llevo casi cuatro años metido en la misma ciudad de Deeneim (de la que estoy harto, claro, estoy deseando que la tomen y no quede piedra sobre piedra que dibujar o que se salven y el Torrezno se busque otro hogar) así que me conozco casi cada edificio de memoria, cuando toca un ángulo nuevo pues reviso lo anterior y ya está, por eso a veces hay bastantes incoherencias. De un capítulo a otro hay casas que pierden misteriosamente un piso, a veces incluso de una viñeta a otra, lo reconozco con gran aflicción y arrepentimiento. Pero en el cómic no existe el raccord, así que...

Explícame un poco cómo trabajas.

Dibujo a lapiz la pagina en DinA3 en papel fuerte y gordo, y luego lo entinto ahí mismo, normalemente todo esto me lleva un día. Cuando tengo todo el libro acabado le doy grises en fotocopias, también en DinA3, luego lo escaneo tira a tira y al final lo retoco y lo maqueto en Photoshop. A veces, para otras historias y cuando dibujo tamaño folio uso mesa de luz y calco en vez de entintar, pero para tamaños grandes se me hace muy incómodo.

Háblame de tus historias cortas de la revista TOS, qué te planteas contar en ellas.

Todo lo que no entra en este mundo un poco cerrado de aventuras y parodia histórica del Torrezno, en el que a pesar de todo puedo meter casi todo lo que me apetece.
Y sobre todo, me permite seguir manteniendo vivos y latentes a toda una serrie de personajes que no me apetece perder, y que espero poder ir sacando a la luz poco a poco en recopilaciones. precisamente en ese sentido tengo planes para este año que empieza.

Para ir acabando: otro elemento de tu Torrezno es que has ido metiendo elementos nuevos, giros constantes y también nuevas interrogantes en los cuatro tomos que has hecho hasta ahora. ¿Por qué esos giros? ¿qué te planteas con ellos? ¿hasta dónde los tienes planeados?

Hasta el infinito y aun más lejos. Si en cada tomo no meto líneas narrativas nuevas reviento. Me consideraría un estafador, con la de cosas que hay por contar. Y además que uno se aburre de dibujar siempre a la misma gente, las mismas caras, las mismas habitaciones, esto no es como el cine, aquí en cada escena no viene simplemente el director artístico y le quita un poco el polvo a las cortinas y muebles, y a darle a la manivela. Se lo tiene que guisar y comer uno todo partiendo de cero cada vez, y uno puede acabar hartándose de un traje, de una moldura en la pared, del bigote de un personaje... Por eso acabó Pratt haciendo historias en el desierto. Es una forma digna de envejecer en el oficio.

Las aventuras del Capitán Torrezno es ciertamente una obra muy ambiciosa. Van cuatro tomos de ciento y pico páginas cada uno, un ritmo asombroso. Creo que el personaje lo creaste para un fanzine. ¿Cómo surgió el personaje?

Antes te decía que todo esto surgió de un cansancio de las historias cortas de humor. Tampoco me apetecía lanzarme a una saga de nuevos mundos de ésas en que cada dos por tres tienes que parate a explicar quién es ese tipo de la túnica color fucsia e irisaciones propias-de-un-tejido-no-exactamente-humano, y como es que funciona el reactor cuántico de protones y esas cosas, no hubiera podido tomármelo en serio, y sin ninguna duda uno tiene que tomarse en serio lo que hace. Y por eso se me ocurrió que algo que empezara con una parodia y lentamente se alejara de ello me daría más libertad, es decir, algo cuyo humor me podía tomar en serio. Por eso retomé a un personaje -el Torrezno- que ya se había fogueado en las historias de bares y arrabal y que me gustaba por su indefinición y su natural adaptable y nada quejica y lo lancé en salto espacio-temporal a este mundillo diminuto. Eso, además, me permitía mantener un contacto con la realidad, volver a ella de vez en cuando, usarla como contrapunto. Porque a pesar de todo la historia transcurre en la realidad, en un sótano de una casa y en una ciudad en concreto y en una época que es más o menos la actual. Por eso no me gusta mucho lo de "fantasía heroica".

Dicho de otro modo, me permitía reunir la libertad de imaginar y de dibujar cosas agradecidas (a mi me gusta dibujar ciudades amuralladas y galeras, etc, no oficinas ni interiores domésticos contemporáneos) con cierto apego a la realidad, algo que me parece necesario viendo el mundo en que vivimos. No por hacer una crítica social sino por no empezar a levitar y perder de vista el suelo.

¿Cuándo te planteaste embarcarte en un viaje de estas dimensiones con él? ¿Hasta qué punto lo tenías planificado así? ¿Por qué algo tan ambicioso, sobre todo teniendo en cuenta cómo está pagado el cómic en España?

Lo de si es demasiado ambicioso pues supongo que sí. A mí me parece que está bien ser ambicioso en estas cosas, que en el fondo son inofensivas, lo malo sería serlo en temas como el dinero, los honores, el medre social o el protagonismo en la tertulia de los sábados, todo eso. Y además alguna razón tiene que haber para levantarse para mañana, cada cual se construye sus propios incentivos. Hay gente que colecciona vitolas de puros, hay gente que se construye una reproducción en miniatura del estadio de Riazor en su casa, y ni siquiera cobra un duro por ello. Héroes anónimos de la inutilidad suprema del Arte.
Así que sí, no te preocupes, hay continuación, y mucha, para las aventuras del Torrijilla.

Extramuros me parece lo mejor que has hecho hasta el momento. No sólo porque es el tomo más ágil de los cuatro de Torrezno, sino porque el dibujo es más espectacular que nunca -en especial en los fondos y perspectivas de esas "viñetas de impacto" que tan bien sabes introducir a estas alturas en los momentos más oportunos narrativamente-, y por otras dos razones: el comienzo es absolutamente adictivo, engancha desde el principio, y logras una extraordinaria evocación de la angustiosa experiencia de los protagonistas dentro de los túneles (¿te ha pasado un tren tan cerca de ti? A mí sí, y por eso me sorprendió tu tremenda capacidad para evocar tal cosa). En esa larguísima escena, Torrezno me estaba pareciendo por momentos una obra de una dimensión parecida a Akira o Nausicaä, salvando todas las distancias -diferencias- que tú quieras. La otra razón es que la batalla final de Extramuros es de una dimensión épica realmente soprendente y que a mí personalmente me dejó fascinado. Ahora vienen las de arena con las preguntas: ¿qué pretendías con Extramuros? No hay demasiadas diferencias temáticas en respecto a Limbo sin fin. ¿No crees que la gente puede decir que has caído un poco en la repetición, sobre todo con ese nuevo asedio de la ciudad y la resurrección del Shogun?

Sí que hay ese peligro, supongo que más de uno me pondrá a parir por haber vuelto a una situación igual a la de los comienzos del tomo dos, nada menos. Lo único que puedo alegar en mi favor es que a) la situación no es exactamente la misma, b) han pasado bastantes cosas entre medias, c) lo exigía el guión, y no lo digo de coña. El meollo de la historia es cómo transcurre un asedio lento, muy lento (aunque tampoco tan largo, en realidad sólo han pasado unas semanas, no hay que confundir el rirmo de la escritura y la lectura con el de la acción), y cómo va afectando eso a los personajes, como desanima a unos, como enrrabieta cada vez más a otros, en general, como se va haciendo todo más delirante y nuestro pequeño héroe se ve cada vez más angustiado. El asedio dura lo que dura, y tiene sus vueltas y revueltas, si no las tuviera sería otra cosa, posiblemente mejor, pero en cualquier caso firmada por otro autor y ya no tendría yo que dar todas estas explicaciones.

¿Te interesan algunos de los historietistas españoles actuales? ¿Y en general cuáles son tus autores favoritos (ojo, no digo influencias, sino historietistas favoritos)?

Me gustan las historias de Luis Durán, que no suele decepcionarme. Y me gusta mucho lo que hace Brieva. El resto prácticamente no lo conozco, así que no puedo juzgar. Dibujantes consagrados españoles, los de siempre: Prado, Torres, Carlos Gimenez, Beá. El libro de Keko que ganó el premio del Salón como guión no me llenó del todo, pero gráficamente (línea, mancha, ritmo, sobre todo) me pareció muy bueno. Y en cuanto a clásicos un poco de todo, tirando siempre por la vía fantástica aunque con excepciones. Siempre me gustó Bourgeon.

Me parece que José Muñoz es -o ha sido- el mejor dibujante de cómics de todos los tiempos. Otra cosa es que sus obras sean los mejores cómics de todos los tiempos, que no creo que lo sean. Me parece que, aunque recorrió muchos menos caminos que, por ejemplo, Breccia, llegó por ellos mucho más lejos que cualquier otro. De todas formas no tengo muchos dibujantes favoritos porque, la verdad, el dibujo en los cómics, pasado cierto nivel mínimo y dejando de lado ciertas manías como la de la línea clara, no me importa demasiado. Por eso casi diría que mi autor de cómics preferido es Fred, cuyo dibujo la verdad es que no me dice gran cosa, pero que me transporta inmediatamente a un mundo sin peso, sin gravedad, donde todo es posible. Y no hablo de "evasión", sino tal vez de alucinación. Algo parecido a lo que ocurrió con El Garaje Hermético. Todo esto me da que ya no está muy de moda, qué le vamos a hacer.

Tres cómics, tres películas, tres discos, tres libros.

La historieta de Sudor Sudaca del niño y la vieja radio. Las Etiópicas o cualquiera de Pratt.

Mayor Fatal, la historia de diez páginas que dio origen al Garaje y a tantas otras cosas. El ahogado de dos cabezas de Tardi. Y mil más.

En lo de los libros y los discos no voy a entrar porque nunca sé que decir, se siente uno un poco ridículo, como si tuviera que "definirse por sus gustos" o algo así. Del cine, que me interesa bastante menos, diría que cualquier cosa de Fellini o Kurosawa o Tarkovski
, que son de los pocos que han ido más allá del modo dramático-teatral, en especial experimentando con el tiempo, y en cuyas películas uno siente que no está viendo representada la realidad sino otra cosa. Y desde luego, sigo sin hablar de "evasión".

¿Habrá continuación a Extramuros? No lo anuncias al final del álbum, a diferencia de otros tomos.

Sí, hay unos veinte o treinta tomos más. O cincuenta, quien sabe. Tengo material escrito, sinopsis o episodios detallados para eso y más. Supongo que palmaré antes de acabarlo, y ya me jode.


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Lo anterior fue una entrevista a Santiago Valenzuela (San Sebastián, 1971) que realicé en 2004. Se publicó en una pequeña parte en la revista Rockdelux, y otra parte salió publicada en noviembre de ese mismo año en la revista Trama (fotos de aquí abajo), entonces dirigida por Elena Cabrera y diseñada por Manuel Bartual (la revista cerró poco después, por cierto, a comienzos de 2005). Ahora he decidido rescatar la entrevista íntegra, en bruto, grosa, sin editar, incluyendo las partes inéditas. Un rescate motivado, evidentemente, por el Premio Nacional de Cómic que ha recibido Santiago Valenzuela justamente por su última entrega de LAS AVENTURAS DEL CAPITÁN TORREZNO (De Ponent), PLAZA ELÍPTICA. La saga se compone hasta el momento de los siguientes tomos:

HORIZONTES LEJANOS
ESCALA REAL
LIMBO SIN FIN
EXTRAMUROS
CAPITAL DE PROVINCIAS DEL DOLOR
LOS AÑOS OSCUROS
PLAZA ELÍPTICA

Aquí abajo copio una de las reseñas que he escrito sobre el material de Valenzuela. A propósito de una de sus mejores obras para mi gusto al margen de TORREZNO: las historietas cortas recopiladas en EL GABINETE DEL DR. SALGARI. La reseña se publicó en 2007 en la revista Rockdelux.


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SANTIAGO VALENZUELA
“El gabinete del Dr. Salgari”
ASTIBERRI

El autor de “Las aventuras del Capitán Torrezno” (De Ponent) sigue construyendo un personal universo donde las resonancias míticas, en particular las bíblicas, se mezclan con naturalidad con apuntes castizos que remiten a la tradición costumbrista española. Se puede citar a escritores como Cervantes, Borges o Swift y a historietistas como el francés Fred para encuadrar las coordenadas del Cosmos Valenzuela, pero su visión es tan singular que no admite etiquetas. En este recopilatorio de historietas, algunas ya publicadas en la revista ‘HUMO’, Valenzuela (San Sebastián, 1971) experimenta con barrocos diseños de página y extensos textos de apoyo que devoran literalmente al dibujo, avanzando hacia un punto de fuga situado siempre en horizontes alegóricos y apocalípticos.

1 comentario:

zaldieroa dijo...

Muy buena entrevista, siempre disfruto leyendo a Valenzuela.